V: cuando los Visitantes convirtieron la televisión en una invasión
Llegaron ofreciendo paz, tecnología y amistad, pero debajo de aquella piel humana había algo mucho menos tranquilizador. V convirtió una invasión alienígena en uno de los grandes acontecimientos televisivos de los 80.
Antes de que las series se consumieran en maratones y de que cada plataforma necesitara su propio gran acontecimiento, hubo noches en las que medio país parecía estar viendo lo mismo. V fue una de ellas. Naves gigantes suspendidas sobre las ciudades, visitantes sonrientes vestidos de rojo y una promesa de cooperación que sonaba demasiado perfecta para ser verdad.
Los extraterrestres que venían en son de paz
La miniserie original de 1983 fue creada, escrita y dirigida por Kenneth Johnson para NBC. Los Visitantes llegaban a la Tierra con aspecto humano, modales impecables y un discurso amistoso. A cambio de ciertos recursos terrestres ofrecían conocimientos científicos y tecnológicos. Pero la fachada no tardaba en resquebrajarse.
Tras aquellos uniformes y sonrisas se escondía una especie reptiliana con intereses mucho menos generosos. La imagen de Diana, interpretada por Jane Badler, engullendo un roedor quedó grabada para siempre en la memoria colectiva y convirtió a la villana en uno de los grandes iconos de la ciencia ficción televisiva de los ochenta.
Una invasión que hablaba de algo más
Lo que hizo especial a V fue que la historia funcionaba mucho más allá de sus lagartos alienígenas. Kenneth Johnson tomó como referencia relatos sobre el ascenso del fascismo y construyó una historia de propaganda, colaboración, resistencia y persecución. Los científicos eran convertidos en sospechosos, los medios podían utilizarse para manipular y una parte de la población prefería creer el relato cómodo de los recién llegados.
Frente a ellos surgía la Resistencia, con personajes como el cámara Mike Donovan, interpretado por Marc Singer, y la científica Juliet Parrish, interpretada por Faye Grant. Robert Englund, años antes de quedar ligado para siempre a Freddy Krueger, aparecía además como Willie, uno de los Visitantes que no compartía los planes de sus superiores.
Diana, las naves y aquella piel arrancada
V entendió perfectamente el poder de una imagen televisiva. Las enormes naves nodriza, el símbolo de los Visitantes pintado en las paredes, los uniformes rojos, las voces distorsionadas y el descubrimiento de la piel de reptil funcionaban como estampas inmediatas. No hacía falta explicar demasiado: bastaba una escena para que un niño supiera que allí estaba pasando algo grande.
El éxito de la primera miniserie condujo a V: The Final Battle y posteriormente a una serie semanal. La franquicia fue perdiendo parte del tono político y contenido del planteamiento inicial, pero para entonces el fenómeno ya estaba instalado en la cultura popular.
Por qué seguimos recordando V
Porque tenía aventura, ciencia ficción y monstruos, pero también una inquietud que sobrevivía al final del episodio. Los Visitantes no conquistaban únicamente con armas: conquistaban ofreciendo exactamente aquello que la gente quería escuchar.
Y porque quienes la vimos en televisión todavía podemos reconocer el mismo escalofrío al pensar en una nave inmensa suspendida sobre la ciudad. Antes de saber qué era una distopía ya sabíamos una cosa: si alguien llega del espacio vestido de rojo diciendo que viene a ayudarnos, quizá convenga mirar debajo de la piel.
