El Gran Héroe Americano: el superhéroe que recibió el traje sin manual de instrucciones
Ralph Hinkley tenía un traje alienígena capaz de hacer casi cualquier cosa. El problema era que había perdido el manual. De ese desastre nació una de las comedias superheroicas más entrañables de la televisión de los 80.
Mucho antes de que los superhéroes dominaran el cine, El Gran Héroe Americano ya había entendido que ponerse un traje con poderes no te convierte automáticamente en alguien competente. Ralph Hinkley podía volar, resistir golpes y hacer cosas extraordinarias. Lo único que no podía hacer era averiguar cómo funcionaba todo aquello.
Un traje perfecto para el hombre equivocado
The Greatest American Hero se estrenó en ABC en 1981 y fue creada por Stephen J. Cannell. William Katt interpretaba a Ralph, un profesor que recibía de unos extraterrestres un traje rojo con capacidades sobrehumanas. Junto a él estaba el agente del FBI Bill Maxwell, interpretado por Robert Culp.
La gran broma de la serie era tan sencilla como brillante: Ralph perdía el manual de instrucciones casi inmediatamente. A partir de ahí cada vuelo era una caída anunciada y cada nuevo poder aparecía por accidente.
Un superhéroe antes del boom
La serie jugaba con códigos superheroicos en una época en la que el género todavía no tenía la maquinaria industrial actual. El traje era llamativo, el símbolo del pecho parecía diseñado para convertirse en merchandising y las situaciones alternaban aventura, ciencia ficción y comedia física.
Pero Ralph no era un héroe clásico. Era un profesor normal intentando sobrevivir a algo enorme mientras Bill Maxwell insistía en que debían utilizar aquel regalo extraterrestre para hacer el bien.
Believe It or Not
La cabecera ayudó muchísimo a fijar la serie en la memoria popular. “Theme from The Greatest American Hero (Believe It or Not)”, interpretada por Joey Scarbury, se convirtió en un éxito por derecho propio y acabó siendo casi tan reconocible como el traje.
El encanto de hacerlo mal
Lo especial de El Gran Héroe Americano era que convertía la torpeza en identidad. Ralph no aprendía a volar como Superman; se estampaba contra paredes, tejados y carteles. Y precisamente por eso era fácil ponerse de su parte.
La serie no necesitaba solemnidad. Su héroe podía salvar el día y, al mismo tiempo, seguir pareciendo alguien que había llegado tarde a una clase de conducción.
Por qué seguimos recordándolo
Porque en medio de tanta nostalgia ochentera hay personajes que sobreviven por una imagen concreta. En este caso basta imaginar a William Katt con el traje rojo, los brazos extendidos y una trayectoria de vuelo absolutamente incontrolable.
Puede que nunca encontrara el manual, pero nosotros tampoco lo necesitábamos para entender el mecanismo: cuanto peor le salían las cosas, más queríamos que volviera a intentarlo.
