ALF: el extraterrestre más gamberro de la televisión
La historia del habitante de Melmac que conquistó una generación.
Si creciste en los años 80, seguramente recuerdes a un pequeño extraterrestre peludo, de hocico alargado y lengua afilada que convirtió la vida de una familia normal en un auténtico caos. Hablamos de ALF, una de las series más queridas y recordadas de la televisión, capaz de conquistar a millones de espectadores gracias a su humor irreverente, sus comentarios sarcásticos y su insaciable apetito por los gatos.
Más de tres décadas después de su estreno, ALF sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva de toda una generación.
¿Quién era ALF?
ALF son las siglas de «Alien Life Form» (Forma de Vida Extraterrestre), aunque su verdadero nombre era Gordon Shumway. Procedía del planeta Melmac, un mundo situado a millones de kilómetros de la Tierra y habitado por seres similares a él.
La historia comienza cuando una catástrofe destruye Melmac y Gordon escapa en una nave espacial. Durante su huida, termina estrellándose accidentalmente en el garaje de la familia Tanner, una familia estadounidense aparentemente normal que verá cómo su vida cambia para siempre.
Los Tanner deciden ocultar la existencia de ALF para evitar que el gobierno lo capture y lo convierta en objeto de experimentos. A partir de ese momento, el extraterrestre pasa a vivir con ellos, generando situaciones tan absurdas como divertidas.
Una comedia familiar diferente
Aunque en apariencia era una sitcom familiar más, ALF tenía algo que la diferenciaba del resto de producciones de la época.
El protagonista no era un niño travieso ni un vecino excéntrico, sino un extraterrestre descarado que no entendía las normas sociales humanas y que no tenía ningún problema en decir exactamente lo que pensaba.
Sus constantes bromas, su ego desmedido y su habilidad para meterse en problemas convirtieron a ALF en uno de los personajes más carismáticos de la televisión de los años 80.
Mientras otras series familiares apostaban por mensajes moralistas, ALF introducía un humor mucho más gamberro y ácido, aunque siempre apto para todos los públicos.
Los Tanner: la familia que lo aguantaba todo
Gran parte del éxito de la serie se debe también a la familia Tanner.
Willie Tanner era el cabeza de familia y quien más sufría las consecuencias de convivir con ALF. Siempre intentaba mantener el orden, pero acababa desesperado por las ocurrencias de su inesperado huésped.
Kate Tanner, más pragmática y sensata, intentaba mantener la cordura en casa mientras lidiaba con los problemas que ALF generaba constantemente.
Los hijos, Lynn y Brian, desarrollaban una relación muy especial con el extraterrestre, convirtiéndose en sus principales aliados.
Y, por supuesto, estaba Lucky, el gato de la familia, que vivía permanentemente bajo amenaza debido a la peculiar costumbre gastronómica de los habitantes de Melmac.
¿De verdad los melmacianos comían gatos?
Sin duda, uno de los chistes más recordados de la serie.
ALF afirmaba constantemente que en Melmac los gatos eran considerados una auténtica delicia culinaria. Cada vez que veía a Lucky, comentaba sus ganas de convertirlo en cena, aunque nunca llegaba a hacerlo.
Esta broma recurrente se convirtió en una de las señas de identidad del personaje y todavía hoy sigue siendo una de las frases más asociadas a la serie.
El fenómeno mundial de ALF
La serie se estrenó en 1986 y rápidamente se convirtió en un éxito internacional.
Entre 1986 y 1990 se produjeron cuatro temporadas y un total de 102 episodios. Su popularidad fue tan grande que ALF trascendió la televisión para convertirse en un auténtico fenómeno de masas.
Aparecieron juguetes, peluches, cómics, videojuegos, álbumes de cromos, dibujos animados y una enorme cantidad de productos de merchandising.
En España, la serie fue emitida por TVE y se convirtió en una de las favoritas de los espectadores infantiles y juveniles de finales de los 80 y principios de los 90.
El difícil trabajo detrás del personaje
Aunque en pantalla parecía sencillo, dar vida a ALF fue un auténtico reto técnico.
El personaje era una marioneta animada mediante complejos mecanismos y manejada principalmente por el titiritero Paul Fusco, que además ponía la voz original.
Los decorados estaban llenos de trampillas y huecos ocultos para permitir el movimiento del muñeco. Esto complicaba enormemente los rodajes y obligaba al equipo técnico a trabajar en condiciones bastante incómodas.
A pesar de ello, el resultado fue tan convincente que muchos espectadores llegaban a olvidar que estaban viendo una marioneta.
El final que dejó a todos sorprendidos
Uno de los aspectos más recordados de ALF es su sorprendente final.
En el último episodio de la serie, ALF intenta abandonar la Tierra para reunirse con otros supervivientes de Melmac. Sin embargo, antes de lograrlo es interceptado por una unidad militar especializada en fenómenos extraterrestres.
La serie terminaba con ALF siendo capturado, dejando a los espectadores sin saber qué ocurriría después.
La reacción del público fue tan intensa que años más tarde se produjo una película para cerrar la historia y explicar qué había sucedido tras su captura.
¿Por qué seguimos recordando a ALF?
Muchas series de los años 80 han quedado olvidadas, pero ALF sigue siendo un icono de la cultura popular.
La clave está en su protagonista. Mientras que otros personajes infantiles eran educados y ejemplares, ALF era imperfecto, egoísta, desordenado y tremendamente divertido.
Representaba a alguien que decía lo que los demás pensaban pero no se atrevían a expresar.
Además, la serie combinaba perfectamente humor, ternura y situaciones familiares con un personaje completamente fuera de lugar.
El legado de ALF
Más de treinta años después de su despedida, ALF sigue apareciendo en listas de las mejores series familiares de los años 80.
Su imagen continúa siendo reconocible para varias generaciones y cada cierto tiempo surgen rumores sobre posibles regresos, nuevas series o películas.
Aunque nunca ha vuelto a alcanzar el protagonismo de aquellos años, Gordon Shumway sigue siendo uno de los extraterrestres más queridos de la historia de la televisión.
Porque, al final, no todos los días un visitante de otro planeta consigue colarse en una familia, revolucionar una generación entera y convertir los gatos en el chiste más famoso de la televisión.
¿Y tú? ¿También creciste con ALF?
¿Recuerdas tus episodios favoritos? ¿Te reías con sus bromas sobre Lucky? ¿O eras de los que intentaban imitar su voz delante del televisor?
Cuéntanos tus recuerdos y escucha nuestro episodio especial dedicado a las series de los 80 en el podcast Los Frikis Son Los Padres, donde repasamos algunas de las producciones que marcaron nuestra infancia.
